"Todo lo que se necesita para dirigir es alguien que te dé el trabajo. Así que me dije: chico, el trabajo es tuyo". Clint Eastwood

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo". Oscar Wilde

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sábado, 25 de agosto de 2012

Carta de una desconocida, de Stefan Zweig



Ya de regreso de las vacaciones, morenita y empapada de lectura interesante empiezo a actualizar de nuevo el blog con las reseñas de los libros que me he leído. Inauguro mi regreso con uno muy especial que me ha encantado: Carta de una desconocida. Un libro precioso y triste a la vez que me ha emocionado muchísimo. 





FICHA TÉCNICA

Título: Carta de una desconocida
Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
ISBN: 978-84-95359-47-6
Nº de páginas: 65
PVP: 11€









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Puntuación

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Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora. No te inquietes por mis palabras; una muerta ya no quiere nada, no quiere ni amor ni compasión ni consuelo. Sólo quiero una cosa de ti, que creas todo lo que te confiesa mi dolor, un dolor que sólo busca amparo en ti. Lo único que te pido es eso, que creas todo lo que te cuento: uno no miente en la hora de la muerte de su único hijo.


Ésta es la carta que una mujer -de la que nunca sabremos su nombre- le escribe a un famoso escritor en el día de su cumpleaños. Es el lamento de una mujer marcada por la temprana muerte de su hijo, un lamento que ella escribe en una larga carta que va dirigida a ese hombre, el padre de la criatura. Ahí en esas líneas le narra toda su vida. Se desahoga con palabras, a través de ellas expulsa todo lo que llevaba dentro desde hacía años: la primera vez que vio al escritor, el amor y la admiración que despertó en una muchacha de trece años, en los pocos encuentros que tanto había anhelado durante su adolescencia y que años más tarde se hicieron realidad, en las duras condiciones y humillaciones que tuvo que soportar durante el parto y en la forma en la que tuvo que salir adelante ella sola con un hijo sin padre.

Pero ella en ningún momento se lamenta ni le reprocha nada, al contrario. Le da las gracias por esos momentos que pasaron juntos, por las sensaciones y sentimientos que ella experimentó al enamorarse y a ese hijo en común, aunque secreto, que era el vivo retrato del padre. Sólo se entristece de una cosa: que no se acordara de ella en ninguno de esos escasos encuentros íntimos que hubo en el pasado. Porque para él era sólo una desconocida, una mujer más de entre otras tantas, mientas que para ella él lo era todo. Era su mundo, su vida y lo amaba con todo su ser a pesar de que él no la correspondería nunca.

Uno de los gestos de amor de ella hacia su amado que me encantó fue ese ramo de rosas que cada año le envía para su cumpleaños, enviándole así un pedacito de su amor y otro de esperanza, aunque minúscula, porque “no hay nada en el mundo que sea equiparable al secreto amor de una niña que permanece en la penumbra y tiene pocas esperanzas”.


Una novela corta y maravillosa que Zweig nos regala con su peculiar estilo y su forma de narrar. La historia de esta mujer, tan enamorada y fiel a un hombre que ni siquiera se acuerda de su rostro, te deja con un peso en el interior que por muchos suspiros de pena que sueltes tarda en marchar. Porque Zweig nos fascina con la historia de esta desconocida y no puedes evitar dejarte seducir por sus palabras.




Mika
 

domingo, 25 de septiembre de 2011

Mendel el de los libros, de Stefan Zweig


 FICHA TÉCNICA

Título: Mendel el de los libros
Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
ISBN: 978-84-96834-90-3
Nº de páginas: 64
PVP: 9€






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Puntuación
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Este es el primer libro que he leído de Zweig. Había oído hablar tantas maravillas de él que antes de irme de vacaciones decidí ir a buscarlo a la Fnac. Y allí estaba Mendel, tan chiquitín, haciéndome un guiño. Con sólo leer el título ya deduje que me gustaría... Y la verdad es que acerté porque es una maravilla de librito. Y digo "librito" porque es tan pequeñito que se lee en un suspiro. Zweig tiene una forma increíble de escribir y narrar una bella historia: te atrapa poco a poco con cada palabra de manera que después no puedas escapar.

Zweig nos cuenta la historia de Mendel, un personaje de lo más extraordinario y de lo más excéntrico. Con su memoria de elefante es capaz de recordar listas de libros, autores, precios y dónde encontrarlos. Un librero de viejo de esos que te encantaría conocer en la vida real. Es un judío muy querido y valorado por todos sus clientes (que no son pocos) por su gran sabiduría.

Me encantó que, a pesar de ser un librero, no tuviera un establecimiento para vender sus tesoros. Su sede está en un café típico de Viena, de esos de principios del siglo XX que tanto me gustan. Cada mañana bien temprano, Mendel se dirige al café Gluck y se sienta en su mesa de siempre, leyendo catálogos de libros con una concentración impresionante. Nada le molesta, no se entera de cuánto le sucede a su alrededor. Sólo vive por  y para sus libros.


El final? Triste... El pobre Mendel es acusado injustamente (y de la forma más absurda debido a un malentendido que hasta parece ridículo) por colaborar con el Imperio austrohúngaro (la historia sucede por la época de la Primera Guerra Mundial), y por ello el librero es enviado a un campo de concentración. A pesar de ser liberado más tarde, Mendel ya no volverá a ser el que era...
 Le di afectuoso la mano."Quédeselo tranquila. A nuestro viejo amigo Mendel le habría encantado que al menos una entre los muchos miles de personas que le deben un libro aún se acuerde de él". Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana, había sido fiel a la memoria del difunto. Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él. Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.

Toda una joya el Mendel de Zweig. Lo recomiendo.

Que tengáis buena lectura!


Mika