"Todo lo que se necesita para dirigir es alguien que te dé el trabajo. Así que me dije: chico, el trabajo es tuyo". Clint Eastwood

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo". Oscar Wilde

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miércoles, 31 de octubre de 2012

Especial Halloween: Noche de miedo con H. P. Lovecraft




¿Recordáis el reto que nos planteó Inés del blog Inés y sus libros para el día de Halloween? Pues aquí os traigo mi entrada dedicada a la noche más terrorífica del año: una reseña de una recopilación de cuentos de H. P. Lovecraft, que es junto a Poe, uno de los maestros del terror del siglo XX. 

Pero antes de comentar mi lectura os hablaré un poco del autor:

Howard Phillips Lovecraft nació en 1890 en Providence, Rhode Island,  y falleció en la misma localidad en 1937. Desarrolló una mitología propia dentro del género del terror, siguiendo una corriente de terror cósmico materialista muy alejada de las vertientes tradicionales del género, sin embargo fue relativamente desconocido en vida, dándose a conocer de manera póstuma gracias a la difusión de su obra por parte de amigos y conocidos. Se interesó desde muy joven por la mitología árabe, y más adelante por la griega, escribiendo desde muy pequeño cuentos y poemas inspirados en estos dos ámbitos. Su abuelo,  que se hizo cargo de su educación tras la muerte de su padre, le introdujo a las historias góticas de terror.

Sus obras se hallan marcadas por el pesimismo y el cinismo, y suelen dividirse en tres periodos: La época de las Historias macabras (1905-1920), el Ciclo del Sueño (1920-1927), y los Mitos de Cthulhu (1925-1935).

Sus temas más comunes son el conocimiento prohibido, la influencia de seres no humanos en la Humanidad, la culpa heredada (el concepto de que uno no puede escapar de los errores de sus ancestros), el destino, la idea de una Humanidad constantemente amenazada y en peligro, la raza, el género y los riesgos inherentes a una sociedad cientificista.

Ha desarrollado un seguimiento de culto gracias a la creación de un universo propio de seres de naturaleza diversa, donde destacan los monstruosos Primigenios y el Necronomicón, un terrible grimorio que muestra cómo invocarlos.  


Biografía extraída de Lecturalia



Mi lectura ha sido bastante satisfactoria. Gracias a Dios los relatos recopilados en mi libro no daban tanto miedo como creía (bueno, alguno era un poco espeluznante como el de El alquimista) y he sido capaz de leerlos todos sin tener que echarme a llorar del pánico. Soy una exagerada, lo sé, pero una no está acostumbrada ni a la película de terror más cutre que se haya rodado. No es un género que me entusiasme precisamente pero admito que leer a Lovecraft ha sido un placer además de todo un descubrimiento.

En mi libro aparecían los relatos El alquimista, Dragón, Más allá del muro del sueño, Polaris, El caos reptante, Hechos tocantes al difunto Arthur Jermyn y su familia, La tumba y Celephaïs. Unos me han gustado más que otros pero en general todos son estupendos. La lectura es fluida, con suspense y con momentos lúgubres pero soportables. Lovecraft describe esos mundos oníricos y de ciencia ficción con detalle pero sin ser recargado, y enseguida te imaginas el lugar como si tú mismo estuvieses allí.

Un relato que me gustó muchísimo en especial fue El alquimista, un relato que narra la terrible maldición de una familia de nobles que con el paso de los años ha entrado en decadencia. Las muertes prematuras de los primogénitos y en terribles circunstancias dan a entender que la familia está maldita. El último descendiente, el que nos narra su historia, al enterarse de dicha maldición y comprobar que le queda poco tiempo de vida, comienza una exhaustiva investigación sobre las causas de las muertes de sus antepasados. Hasta que un día, en uno de sus paseos por las áreas abandonadas del castillo, da con una escalera secreta que lo conduce al laboratorio de un alquimista…

Este quizá fue el que me dio más escalofríos (el tema de las maldiciones me da muy mal rollo) pero me gustó mucho y el final me impactó bastante, aunque algo te imaginas al ir leyendo la historia de la maldición que se remonta a la Edad Media.

Luego, yendo lentamente al encuentro del conde, pronunció con voz apagada pero terrible la maldición que, en adelante, afligiría a la casa de C.
“Nunca sea que un noble de tu estirpe homicida viva para alcanzar mayor edad de la que ahora posees”.
Proclamó cuando, repentinamente, saltando hacia atrás al negro bosque, sacó de su túnica una redoma de líquido incoloro que arrojó al rostro del asesino de su padre, desapareciendo al amparo de la negra cortina de la noche. El conde murió sin decir palabra y fue sepultado al día siguiente, con apenas treinta y dos años. Nunca descubrieron rastro del asesino (…).

Luego le seguiría Polaris, un relato cortito que encontré de lo más original donde la fantasía de un mundo distinto al nuestro está en peligro de ser atacado por unos temibles seres. Pero al final del relato uno se da cuenta de que el protagonista y narrador de la historia no sabe hasta qué punto si lo que él cree que es real no es más que un sueño o una mera distracción provocada por la malvada Estrella Polar para confundirlo y hacerle creer que todo es un sueño…

A mí, Alos me había denegado el alistamiento, ya que era enfermizo y propenso a una extraña debilidad ante cualquier tensión y esfuerzo. Pero mis ojos eran los más agudos de la ciudad (…) por lo que mi amigo, no queriendo condenarme a la inacción, me otorgó el empeño que resultaba el penúltimo en importancia. Me envió a la torre de vigilancia de Thapnen, donde serviría con los ojos a nuestro ejército. De intentar los Inutos conquistar la ciudadela a través del pico Noton, sorprendiendo así a la guarnición, debía encender el fuego que pondría sobre aviso a los soldados de guardia, salvando así a la ciudad de un inmediato desastre.


Si os gustan las historias de terror y ciencia ficción no os perdáis para nada a este autor. Sus historias son interesantes, con ritmo y con una mitología propia de criaturas sobrenaturales y terroríficas. Una lectura ideal para este Halloween y para cualquier otra noche.


Mika

lunes, 9 de abril de 2012

Relato: Reflexiones de un médico de familia del Raval

Hola blogueros!

Hoy como novedad especial traigo al blog un relato escrito por un médico de familia del barrio del Raval de Barcelona. Se trata de una historia verídica de uno de los pacientes, una historia de superación y amor que conmueve hasta el final. Espero que os guste! A mí me encantó...

Qué tengáis una buena semana!

Mika




    Juan Carlos vino hoy solo al ambulatorio. Quería arreglar apenas una receta, pero el motivo inicial de su consulta se disuelve entre otros mil que surgen casi sin querer. Me explica que consigue tener limpia la casa y sale casi cada día a hacer la compra. Artemia seguramente no se lo agradece demasiado. No es que lo valore, es que con la quimio se está terminando de quedar sin fuerzas.

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    Artemia supera los setenta y cinco, y más de cincuenta los vivió en el barrio chino, o del Raval, en Barcelona. Y de allí no se ha movido. Fue inmigrante pobre que vino a parar a la zona proscrita, pero peleó modesta y honestamente para salir adelante. Su marido desapareció, y nunca habla de él, pero le dejó sus genes en un hijo, Juan Carlos, al que crió en solitario.

    Cuando Juan Carlos volvió de la mili (aún hay una foto en el salón de un apuesto joven enfundado en su uniforme), sus venas corrieron la buena y mala suerte de conocer la heroína. Nadie sabía por aquel entonces qué era, no se podía casi conseguir...  pero los arrabales de la ciudad siempre son pioneros en estas cosas, y la transición post-franquista, "sin una gota de sangre", no debió ser igual para todos.

    Obviamente, le encantó.

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    Hemos hablado un rato, su madre está peor. Ya debe hacer unos cuatro meses que le diagnosticaron el cáncer pulmonar, en el pulmón contrario al que tiene medio cerrado por una red de cicatrices del fumar. Parece que la quimioterapia sólo fue parcialmente efectiva, en el TAC el tumor ha sido reducido de 12 a 8 centímetros, pero algún ganglio regional ha crecido. No le pueden dar radioterapia porque la función pulmonar está de base comprometida, así que el oncólogo ha decidido dejarle reposar un par de meses antes de volver, con buena fe, a evaluar si envenenarla con quimio.

    Narra todo esto con cierto conformismo, aunque pregunta todo para entenderlo bien. "Pero está muy malita", lo argumenta por las dos visitas a urgencias que se han visto obligados a hacer esta última semana. Porque siempre se ahoga, pero a veces más, y no puede respirar ni sentada en la cama. En la puerta de Urgencias le ponen mascarilla y antibiótico, en cuanto se recupera un poco ya se vuelve a casa aunque le ofrezcan una noche en Observación. Ella no es de molestar, y un hogar es un hogar.

    Menos mal que Juan Carlos la bajó casi en brazos y cogió un taxi para los mezquinos cincuenta metros de distancia al centro médico. No sabía que podía llamar al 061, porque nunca lo había hecho, y nunca lo preguntó. Ha debido salir a su madre: tampoco le gusta molestar. "Ella es mi vida, ¿qué no voy yo a hacer por ella, pobrecita?"

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    Juan Carlos pasó un par de décadas inmerso en el caballo, en su búsqueda a toda costa, sin condiciones. Encontró una novia toxicómana que no le facilitó las cosas y tuvo el dudoso honor de ser de los primeros sero-convertidos en VIH positivo. Robó y delinquió por cuatro cochinas perras, fue encarcelado en la Modelo con el Vaquilla y sus amigos, también en Euskadi donde conoció etarras. Sus historias merecen un libro.


    Artemia no lo abandonó ni un momento: aunque de buena gana quisiera, no podía. Cuando lo veía, sufría. Cuando no lo veía, sufría más. Juan Carlos se enternece cuando recuerda a su madre, viajando un fin de semana entero en un tren de mierda (porque era el más barato) hasta Guipúzcoa, una decena de horas de ida, charlar con su hijo unos minutos, darle 500 pesetas para tabaco, y una decena de horas hasta Barcelona, para llegar el lunes a trabajar. No lo había olvidado, ni esto, ni otras miles de cosas que ella le demostró. No soy quién para poder explicar sus profundos sentimientos de agradecimiento filial...

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    Al final de todas las preguntas técnicas, quiere una fecha... pero yo no puedo dársela. Sabe que la incertidumbre no significa optimismo. Cuando nos centramos en él, en vez de en su madre, pronto vuelve a dar un paso atrás, a la sombra de los focos, para dejarla a ella ser la protagonista. Vive por y para ella. Es tan incondicional que dudo si podría desmoronarse si le falta: y no es una quimera, es inminente.

    Juan Carlos, con su cara afable, afiladísima (que hace dudar de quién consumía a quién), lleva diez años en absoluta abstinencia, tras intentos cada vez más acertados, al final lo consiguió. Hace yoga asiduamente y se lleva genial con todos en el barrio. Sólo los carrillos, otrora rollizos y hoy ciertamente cadavéricos, denotan su pasado. Se siente mejor que nunca.

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    Hablamos de cómo podrá encajar él la muerte de "su vida". Porque a mí me asusta.

      - ¿No tienes miedo a recaer cuando ella se vaya?

    Sonríe. Calmado, seguro, mirándome a los ojos; como un bromista dispuesto a descubrirse ante su víctima para no hacerle pasar más mal rato. Los grandes ojos bajo el ceño elevado, me miran con compasión.

      - No, no, qué va... No podría volver a consumir. Porque sería como traicionarla. Aunque ella no estuviera, yo sé que me estaría viendo, y no podría hacerle eso, no se lo merece. Ya le he hecho bastante... no le volveré a fallar. No. 



Escrito por Miguel Castillo, un médico de familia del Raval